18 de diciembre de 2011

Se armó el Belén II: La Virgen

María, conocida mundialmente bajo el epíteto de Virgen, ya había recorrido un largo camino en el momento del Nacimiento. Para entender bien toda su historia, tenemos que retrotraernos a la historia de sus padres, y nada mejor para ello que el nunca bien ponderado Protoevangelio de Santiago, un apócrifo cuya lectura recomiendo a todo el mundo; el Evangelio de Pseudomateo, otro que tal baila, y el Evangelio de la Natividad de María. Con todos ellos vengo a haceros un remix para que os vayáis impregnando de la historia.

Resulta que estaba Joaquín todo feliz dispuesto a hacer sacrificios en el templo (nótese que no sacrificaban personas, sino cordericos y cosas así según los posibles de cada cual) y vino el cansino de turno a decirle que, como no tenía hijos, no podía hacerlos el primero. Joaquín flipó pepinillos en policromado ante tal sentencia y se informó sobre el tema, y descubrió que todos los justos de su pueblo habían sido bendecidos con vástagos, así que si él no había tenido es que había algo chungo.


Hala, mozo, cuando tengas descendencia vuelves.


Estoy enfurruñao, Toby. 

Lógicamente, se cabreó como un mono y, todo frustrado, se fue al monte a trasegar su mala leche ayunando cuarenta días y cuarenta noches, sin decir nada a su mujer, Ana. La pobre andaba depresiva en su casa sufriendo su esterilidad y contándole sus penas a su sierva, y rezando y todo el rollo, y hete aquí que apareció un ángel (que vienen siempre cuando se los necesita, como Chuck Norris) y le dijo que vale, que sí, que si quería preñarse, chachi.


¿Lo has pillado? Puerta Dorada... ¿Quieres las coordenadas GPS?


Ana, en este momento de la historia, tiene un arrebato muy extraño y le comenta al ángel que si es verdad y termina pariendo, el hijo o hija que tenga acabará en el templo para que sirva al señor. Esta forma ambivalente de deseo maternal yo no la pillo (querer tener hijos para no criarlos y mandarlos al templo) pero bueno, eran cosas de otros tiempos, que diría mi abuela. Joaquín recibió otro mensaje vía ángel para que volviera a su casa, que era cuestión de concebir, y aquí entramos en terreno peliagudo.

El Protoevangelio de Santiago comenta por encima que Joaquín volvió a casa, Ana se le echó al cuello, y... Joaquín guardó reposo en su hogar aquel primer día. Reposar en el hogar, apurando un poco la metáfora, puede significar ponerse manos a la obra. El Evangelio de la Natividad y en el Pseudomateo, los ángeles respectivos les dan un lugar para encontrarse, la Puerta Dorada, y allí los coloca Giotto para pegarse un morreo del quince. 


Ven aquí, moza...

No hay alusión directa a hacer lo que hay que hacer normalmente para concebir prole, y esta laguna divertida es la que aprovecha la gente para defender la Inmaculada Concepción de María, que pese a que pueda parecer que se refiere a que se quedó en estado sin roce, se refiere a que ella misma fue concebida sin el mismo. Esto, colegas, es un dogma que no viene en los Evangelios canónicos, y en los Apócrifos que estamos manejando ahora tampoco, y que está vigente desde el XIX. Investigad y sacad vuestras propias conclusiones, que yo sigo con mi belén.

Bueno, pues nada: la cuestión es que Ana concibió, y parió. 


Varios momentos de la historia en la misma viñeta: esto les iba bastante a los artistas plásticos.


Hala, moza, tira p'allá.

El Protoevangelio de Santiago nos cuenta que Ana era un tanto sobreprotectora mística, y los otros dos se pasan directamente a ese momento con tres años en el cual la sueltan en el templo y adiós muy buenas. Allí estuvo la criatura hasta que le llegó la edad de merecer y se organizó el casting que ganó San José en el capítulo anterior. ¿Qué cara se le debió de quedar a la muchacha viendo cómo terceros iban decidiendo qué le tocaba hacer con su vida? ¿Qué pasó por su cabeza al ver a José con su vara florecida y pensar que ése iba a ser su marido?

Próximo episodio... ¡La boda!

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