24 de agosto de 2009

Pompeya

Tal día como hoy la madre naturaleza tuvo un apretón de los suyos y fosilizó Pompeya bajo un montón de cenizas, lapilli y lava candente, achicharrando y asfixiando a los pompeyanos que no tuvieron tiempo de huir (o que huyeron en la dirección equivocada) y conservando para la posteridad una fuente de información de la vida romana de hace dos milenios.

Muchas simulaciones, miniseries y documentales se han hecho sobre este tema. El drama humano de verse atrapado bajo una lluvia de fuego, o enterrado vivo en el sótano de tu casa derrumbada hasta morir de inanición, o de ver que no puedes huir porque estás embarazada de nueve meses y toda tu familia se queda contigo hasta que la palmáis juntos es, desde luego, materia literaria, absolutamente terrorífica por su innegable realidad.

Además, la narración en primera persona de Plinio el Joven, que junto a su homónimo tío el Viejo (que no sobrevivió) intentó rescatar a los incautos que habían decidido marcharse por mar nos confirma lo pavoroso de la situación. Si eres un romano que no ha tenido suerte de dar clases de ciencias naturales y cree en dioses varios cabreados, el terror es aún mayor.

Es paradójico que de semejante situación aquellos que apreciamos los piedros hayamos sacado tanto beneficio. Pompeya es una instantánea de la vida romana, de valor incalculable para su estudio, y el mejor ejemplo de pintura romana in situ, de tal forma que en su momento sirvió para clasificarla en los cuatro estilos pompeyanos.

Para los que no hemos podido pisarla nunca, un tesoro ciberbético. Disfrutad de la visita.

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