23 de agosto de 2009

Cama caliente

Una de las representaciones más entrañables de todo el repertorio románico es la del Sueño de los Magos. Situémonos: tras la Epifanía (los Reyes Magos adorando al niño y dejándole regalos varios) los tres viajeros de Oriente tenían orden de Herodes de volver por su palacio y revelarle el paradero de la criatura. En mitad de la noche, en su plácido descanso, un ángel se les pareció en sueños a comentarles que Herodes era un sádico infanticida y que no era cuestión de que le comentasen dónde andaba el nene porque pensaba abrirlo en canal.


-Sácame el codo de las costillas, Melchor...
-Pues deja de roncar, leñe!

Supongo que por cuestiones de comodidad (esculpir tres camas debe de ser un coñazo) suelen meter a los tres en el mismo lecho. Imaginarse a estos hombres respetables haciendo cama caliente es, cuando menos, curioso. Supongo que para un señor medieval que sabe lo que es joderse de frío en invierno es completamente normal pensar que hacían bien no desperdiciando calorcillo, que luego salen sabañones.

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